jueves, 1 de enero de 2026

AÑO NUEVO, ¿AÑO DE PAZ?

 



Hoy comenzamos un año más. El inicio del año el uno de enero, es una convención que nos hemos impuesto en un día como cualquier otro. Otras culturas tienen otro día para celebrar el inicio de año; nosotros celebramos el uno de enero cuando desde el siglo XVI, papa Gregorio XIII lo puso como primer día del calendario. A esta fiesta se añadió en los años sesenta la Jornada Mundial de la Paz y la celebración de Santa María, Madre de Dios. Estas tres celebraciones juntas nos ayudan a recordar que el Hijo de Dios vino al mundo a través de una mujer para que el tiempo tenga un sentido y para llenar nuestras vidas de paz.

El evangelio de los pastores es una hermosa imagen de lo que vive la humanidad al final de cada año. Los pastores viven en el campo al servicio de los animales, en el continuo sobresalto del cuidado del rebaño. Ellos no tienen su tiempo, sino el tiempo de los animales. Como ellos, nosotros también hemos enfrentado dificultades, miedos que nos dejan sin tiempo para nosotros mismos. Como los pastores, podemos sentir que lo importante son las ovejas, y que nosotros pasamos a segundo plano, agotados, sin poder hacer algo distinto. Como ellos, al inicio del año, sentimos que el tiempo es un recordatorio de un destino del que no nos podemos liberar.

En primer lugar, como a los pastores, se nos hace el anuncio de que nuestro camino no se dirige hacia la desesperanza. El año nuevo nos anuncia que nuestro tiempo tiene sentido porque tiene Alguien a quien dirigirse. Cuando una madre espera a su hijo, su tiempo está marcado por el bebé que va a nacer. Así nuestro tiempo puede estar marcado por una persona: Jesús, que encontramos junto a José y María. Jesús es la presencia humana de Dios que llega a través de una mujer. Ese encuentro les cambia, al convertirlos en testigos de una buena noticia para el mundo: nuestro tiempo, con el que ponemos un número a un año, es la oportunidad para llenarlo del valor que ilumina nuestra vida: el ser humano es capaz de amar a Dios y de que Dios sea uno como nosotros: esto nos da una dignidad que nos hace dignos de respeto.

En segundo lugar, los pastores regresan a su vida cotidiana transformados: Ya no son solo cuidadores de ovejas; ahora son testigos de haber hecho la experiencia del amor de Dios, lo que los llena de alegría. Como nos sucede a nosotros, el encuentro con una presencia de amor cercano, les llena de sentido la vida y los hace testigos de ese amor entre los demás.

En tercer lugar, como los pastores, estamos llamados a mirar la vida diaria como el entorno para sembrar la paz. La paz no solo es ausencia de guerra o de cualquier violencia; la paz es hacer crecer los dones que nos hacen más valiosos para los demás. No nos ha sido dada la vida para la violencia o el egoismo. La vida, ese tiempo que medimos en años, nos ha sido dado para la paz. Como decía el papa Benedicto: El mundo está lamentablemente marcado por focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, así como por distintas formas de terrorismo y criminalidad. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios. Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación.

Este nuevo año no lo podemos perder en destruir al hermano o en destruirnos a nosotros mismos; debemos llenar nuestro tiempo de paz. Tenemos que trabajar por la "gran paz" en tantos lugares de la tierra donde las armas causan sangre y destrucción. Tenemos que trabajar por la "pequeña paz", la que se vive en casa, entre las familias, en las relaciones laborales, en nuestros ambientes, en la iglesia. Esa es la paz por la que tenemos que trabajar.

Para esto podemos imitar a María que guardaba todo en el corazón. "Guardar en el corazón" es no dejar que las experiencias del año pasado se pierdan olviden o nos amarguen. Meditarlas es pasarlas por el filtro del amor de Dios para encontrarles un sentido como peregrinos con una meta. Nuestra meta no es solo llegar al próximo diciembre, sino caminar hacia el cumplimiento de lo que amhela nuestro corazon. La esperanza cristiana no es un optimismo vacío de que "todo irá bien", sino la certeza de que no caminamos solos. Hoy comenzamos un nuevo año, no solo como cambio de calendario, sino como oportunidad para darle sentido al tiempo, llenándolo de gestos que construyan paz: en la familia, en el trabajo, en la comunidad. La paz que de lo pequeño y cotidiano, se extiende a los corazones que nos rodean.

Hoy se nos abre la puerta al año nuevo. Hoy nosotros, junto a Santa María, Madre de Dios podemos vivir, como los pastores, el encuentro con Jesús que nos abre la puerta de una vida, que tiene sentido, llena de esperanza y de gratitud por lo recibido, en especial la certeza de que Dios nos acompaña, como peregrinos de esperanza, desde el corazón de ese niño de Belén, Jesús, el Dios que salva, el Dios que es nuestra paz, Dios con nosotros Emmanuel.


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