sábado, 2 de mayo de 2026

UN AMIGO QUE ES CAMINO, VERDAD Y VIDA

 


PASCUA HOMILÍA V DOMINGO CICLO A

Una de las cosas que más nos asustan es estar solos y perdidos. Son muchas las historias de niños que se quedan en un bosque y atraviesan muchas dificultades para al final conseguir salir adelante. Jesús en la Pascua nos va dando pruebas de que su amor es más fuerte que la muerte o que nuestras fragilidades. Nos dice que él es nuestro buen pastor que nos acompaña a lo largo de la vida. Pero según va avanzando la pascua, nos vamos dando cuenta de que la vida ordinaria se impone y parece que quedan muy lejos las fuertes emociones de la semana santa, de la pasión de Jesús y de su resurrección.

Entonces podemos empezar a sentirnos solos y perdidos como los niños del bosque. Porque vemos la difícil situación económica o las complicaciones para sacar adelante a los hijos, o las relaciones con alguien importante que no terminan de arreglarse. Y nos sentimos solos o perdidos.

Por eso el evangelio de este domingo, cuando comenzamos a ver que se acerca el final de la pascua, nos ayuda a sostener la fortaleza del corazón para seguir viviendo con fe, con esperanza y con amor en medio de las circunstancias de todos los días. Las dos preguntas de los discípulos en el evangelio hablan de lo que hay en un corazón que siente que la vida se le puede complicar.

Lo primero es la pregunta por el camino para alcanzar la paz del corazón. La paz del corazón es algo que todos queremos, el no tenerla nos hace angustiarnos, infelices. El camino es Jesús y eso significa dos cosas: primero que Jesús es el ser humano modelo, que nos enseña cómo debemos emplear la vida, qué es lo que nos hace felices, cómo debemos ser con los demás, cómo debemos considerar las realidades de la vida. Lo segundo es que, al imitar a Jesús, se nos abre el camino a que Dios no sea algo lejano en la vida, sino que lo podemos encontrar como alguien cercano, al que se puede amar como se ama a un padre, con el que podemos ser agradecidos, como se es agradecido con un padre, alguien que busca nuestra felicidad, como la busca un buen padre.

San Agustín nos recuerda que era necesario que Jesús dijese "Yo soy el camino, la verdad y la vida", porque una vez conocido el camino faltaba por conocer la meta, y la meta es el Padre. Jesús es el camino, la verdad y la vida, esto significa que, para llegar a la paz, tenemos que vernos con el corazón de Dios y no dejarnos enredar por las mentiras que a veces el demonio nos dice: que no tenemos remedio, o que Dios no nos ama y que nos castiga. También están las mentiras que nos decimos a nosotros mismos: como el diabético que se dice que el azúcar le hace bien, o el niño que dice a su mamá que le va a ir bien en el examen, cuando no ha estudiado nada.

Jesús es la vida, el que con su amor vence lo que nos mata el alma con la desesperanza, lo que nos mata el sentido de la vida, o nos nubla la certeza de que, más allá de nuestra existencia material, hay una vida en Dios, en la que nos encontraremos con aquellos que nos aman y amamos.

Lo tercero tiene que ver con el Padre: muéstranos al Padre le dicen a Jesús. Los discípulos, como todos nosotros estamos en búsqueda de un Dios de verdad, que nos ame, que se preocupe de modo personal por cada uno, que sepamos que nunca nos va a fallar y que siempre va a salir al encuentro cuando estemos perdidos o pensemos que no tenemos remedio. Nos hace falta el encuentro personal con un Dios que nos permita vivir con un sentido que nos haga felices. De este modo, cuando nos sentimos solos tenemos un amigo que es Jesús y cuando nos sentimos perdidos sabemos que hay un Padre, que es el padre de nuestro amigo Jesús.

Pero Jesús nos dice: yo me voy al Padre. ¿Entonces nos volvemos a quedar solos y perdidos? No, porque Jesús, al irse al Padre, se queda más con nosotros. Como nos recuerda san Pablo, ya no somos nosotros los que vivimos, sino que es Cristo quien vive en nosotros. Es como cuando echas el azúcar en el agua: no lo ves, pero sabes que está ahí y lo puedes experimentar de otra manera, que ya no es con los ojos, sino con la lengua y el olfato, porque el agua sabe a azúcar y huele azúcar. El azúcar está ahí, aunque no lo veamos.

Jesús está aquí, aunque no lo veamos. Está a través de los sacramentos, en donde no vemos a Jesús con los ojos, pero lo experimentamos con la fe. Está a través de las palabras del evangelio, donde sin verlo lo escuchamos y nos aconseja. También está en la Iglesia, donde se nos presenta en la oración, se hace pan en la Eucaristía y nos tiende la mano a través de las obras de caridad con los necesitados. Lo importante para saber el camino y no sentirnos solos es buscar siempre a Jesús.

De esta certeza tiene que nacer un compromiso personal como nos dice San Pedro: proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Jesús dice: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores. Por eso cada uno de nosotros tiene que ser Jesús para los demás: ser camino, verdad y vida para los que nos necesiten, ser imagen del corazón del padre para quien se encuentre solo y ser signo de todo el bien que Dios quiere hacer a través de nosotros.

sábado, 25 de abril de 2026

PASTORES POR AMOR

 


PASCUA HOMILÍA IV DOMINGO CICLO C

Cuando pensamos en el domingo del buen pastor, solemos imaginar a Jesús cargando una oveja sobre los hombros. Pero el evangelio de este año nos sorprende con otra imagen: Jesús se nos presenta como puerta de las ovejas, frente al ladrón y al bandido que intentan entrar por otro lado.

Este domingo es el que conocemos como el domingo del buen pastor porque el evangelio recoge una de las más hermosas predicaciones de Jesús, cuando se compara como un pastor que se preocupa de sus ovejas. Jesús nos regala el día de hoy, por un lado, la certeza de que tenemos un pastor, un líder diríamos hoy que nunca defrauda, que está dispuesto a entregar su vida por nosotros, y que sobre todo nos puede librar de todo mal. Al mismo tiempo, Jesús se presenta como el modelo de todos los que tenemos que ser pastores.

¿Quiénes tenemos que ser pastores? ¿Solamente los sacerdotes? Todos estamos llamados a ser pastores de los demás, todos tenemos una responsabilidad sobre la vida de los demás. Jesus es el modelo de nuestra relación con los demás. las lecturas de hoy nos enseñan lo que significa ser un pastor modelo: El entra por la puerta, conoce a las ovejas, las ovejas le siguen y da la vida por ellas. San Gregorio Magno, nos da una clave que lo ilumina todo: conocer, para el buen pastor, no es tener información sobre alguien. Es amarlo. "Yo soy el buen Pastor, que conozco a mis ovejas, es decir, que las amo." Por eso el ladrón no conoce: porque no ama. Y por eso el extraño es un extraño: porque nunca se interesó por lo que había en el corazón de los demás. Es el modelo negativo de quien tendría que ser pastor, pero es ladrón y bandido, porque no respeta lo que es propio de los demás, es quien salta por el muro, porque no respeta el modo de vida de los demás y finalmente roba y mata a las ovejas, o sea se aprovecha de la vida de los demás.

El rasgo que tiene que ver con dar la vida o robar la vida, podría ser el que define todo lo demás. Una persona nos importa de verdad cuando estamos dispuestos a dar la vida por ella.  Y no hace falta pensar en gestos heroicos. Dar la vida es también dar el tiempo cuando no te sobra. Es escuchar de verdad cuando estás cansado. Es quedarte cuando sería más fácil irte. Por el contrario, una persona es para nosotros menos que una cosa, cuando nos aprovechamos de su vida para nuestro egoísmo o nuestro interés. El ladrón no es necesariamente el villano de una película. A veces somos nosotros mismos cuando calculamos lo que nos cuesta cada relación, cuando estamos con alguien solo mientras nos conviene, cuando saltamos el muro porque entrar por la puerta nos parece demasiado lento.

Jesús es nuestro pastor porque, como san Pedro, antes de ser pastores todos fuimos ovejas perdidas. Cristo sufrió por nosotros y por sus llagas hemos sido curados. Es decir, el mejor pastor que existe no nos cuidó desde la comodidad o desde la perfección, sino desde sus propias heridas. Y esa es también la marca de los mejores pastores que hemos tenido en nuestra vida: no nos ayudaron porque lo tenían todo resuelto, sino porque conocían por dentro lo que nosotros estábamos viviendo. Pero hay algo más: Pedro nos dice que Jesús nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. No un ideal lejano e inalcanzable, sino un camino ya pisado, un rastro concreto que podemos seguir. Y el punto de partida de ese camino es siempre el mismo: recordar que nosotros también fuimos ovejas descarriadas, que alguien salió a buscarnos, y que esa experiencia de haber sido encontrados es precisamente lo que nos capacita para salir a buscar a otros.

Pero Jesús nos dice algo más, nos dice que él es la puerta por la que todos tenemos que entrar: Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Es decir, si queremos ser pastores como él, tenemos que entrar por la puerta que es él mismo, lo tenemos que tomar a él como modelo de la forma en la que nosotros nos relacionamos con los demás, de la forma en la que nosotros queremos ayudar a los demás.

Todos somos pastores de alguien, porque todas las personas con las nos relacionamos es como si Dios las hubiera puesto a nuestro cuidado. En casa, los amigos, el trabajo, la esposa, los hijos, los hermanos, nuestros papás ancianos. Es impresionante descubrir cuánta gente Dios nos dado para que seamos su pastor. Y todos tenemos que ser como el pastor modelo que es Jesús. pero tenemos que ser como el pastor modelo que es Jesús especialmente con quienes son más débiles, en especial los niños.

Este domingo nos invita a preguntarnos quiénes son las ovejas que Dios ha puesto a nuestro cuidado y cómo estamos ejerciendo ese cuidado. ¿Entramos por la puerta o saltamos el muro? ¿Conocemos de verdad el nombre de quienes tenemos cerca, lo que hay en su corazón, o nos quedamos en la superficie? Hay personas en nuestra vida que están esperando que alguien las llame por su nombre verdadero. Que alguien se tome el tiempo de conocer lo que cargan, lo que les cuesta, lo que no se atreven a decir. Ese alguien puedes ser tú. Ese es el pastoreo concreto al que nos llama Jesús hoy.

Y al mismo tiempo es una invitación a la gratitud. Porque todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido un buen pastor. Alguien que se quedó cuando podría haberse ido. Alguien que puso algo de su vida para que la nuestra fuera mejor.

No hace falta esperar a ser mejor pastor para empezar. "Amar de esta forma ya es ponerse en camino." El amor mismo es ya el primer paso. Que hoy Jesús en nuestro corazón nos permita estar siempre cerca de él, agradecidos por los buenos pastores que ha puesto en nuestras vidas, y generosos para ser buenos pastores para otros.