sábado, 13 de diciembre de 2025

UNA LUZ PARA CORAZONES ENCARCELADOS

 


HOMILIA III DOMINGO ADVIENTO CICLO A 

Es curioso que este domingo que se llama el domingo de Alégrense, tenga como protagonista a un profeta que está en la cárcel: Juan Bautista que, por ser fiel a Dios, ha acabado en la cárcel y ahí empieza a dudar de todo lo que ha creído. Juan se encuentra en la cárcel física y en la de su situación interior: la oscuridad que no deja ver claro y ver más allá, pues a veces incluso el creyente más grande atraviesa el túnel de la duda. Él pensaba que Jesús iba a venir de una manera y ahora resulta que viene de otra. El pensaba que Jesús iba a hacer unas cosas y ahora resulta que hace otras. Y esto hace que su cuerpo está en la cárcel de barrotes y que su corazón se encuentre en la cárcel de la desilusión.

A nuestro alrededor encontramos estos días luces por todos lados, arboles de navidad, esferas, listas para que santa Claus, que hemos festejado el pasado día 6 bajo su nombre verdadero que es Nicolás, traiga regalos de parte del niño Jesús a los niños que se han portado bien a lo largo del año. Otros, además, ya están preparando su lista para que los Reyes Magos que cada año vienen de la parte Oriente del Cielo les traigan de parte de la sagrada Familia otros regalitos más. Todo nos habla de la ilusión de la Navidad.

Pero hay otras personas que están en una cárcel en estos días, son los que están enfermos incurables, los que han perdido el trabajo, los que se les ha roto la familia, todos los que pensaban que la vida iba a ir de un modo y luego resulta que ha ido de otro. Muchas personas están en la cárcel del cuerpo y otras muchas están en la cárcel del alma. Por eso este domingo, que esta cerca de la navidad nos invita a que miremos a Jesús como la fuente de nuestra alegría, a que no sean las cosas, o los problemas, los que se convierten en los dueños de nuestra alma, sino a que sea la cercanía de Jesús a los dolores del corazón humano, lo que se convierte en la fuente de nuestra alegría. Esta alegría no es instantánea ni superficial. Por eso, Santiago nos recuerda que seamos "pacientes hasta la venida del Señor" con el ejemplo del labrador que espera con paciencia el fruto de la tierra. Para nosotros, esperar a Jesús es saber que, aunque estemos en la oscuridad, el Señor no nos falla, sino que está cerca para liberarnos.

Este es el mensaje que Jesús le envía a Juan Bautista: mira, quienes sufren (los ciegos, los leprosos, los sordos, los muertos) encuentran una solución, los que no tiene ninguna esperanza (los pobres) reciben la buena noticia de la esperanza. Las obras de Jesús son el cumplimiento de lo que Dios había prometido por el profeta Isaías: "Se despegarán entonces los ojos de los ciegos y se abrirán los oídos de los sordos; entonces el cojo saltará como un ciervo y la lengua del mudo gritará de alegría." Jesús es el Mesías y hace lo que el Mesías debía hacer. Por eso le da a Juan un consejo: la felicidad la encuentra quien no se sienta defraudado por el modo en el que Cristo actúa en nuestra vida.

Quien pone la felicidad o la alegría de su vida en las cosas pasajeras, en las personas que somos débiles, o en uno mismo, acabará en la cárcel de la desesperanza o de la desilusión. Al contrario, quien pone su felicidad en la presencia de Cristo en su vida, aunque tenga que pasar dificultades, acabará encontrado la felicidad que no acaba. Lo que nos hace felices de verdad es el amor que tenemos y el amor que recibimos, y eso solo lo puede dar Dios de un modo definitivo, por encima de nuestros pecados y nuestros fallos. Tenemos que tener la certeza de que en nuestros sufrimientos, en nuestros problemas, en nuestros momentos de desesperanza, Cristo no nos deja solos.

Dios nos ama siempre y la prueba de este amor es que se ha hecho uno de nosotros, ha caminado a nuestro lado, ha sufrido con nosotros y ha resucitado para darnos una vida de amor que nunca termine. Él se ha acercado a nosotros curando, acogiendo, sanando, buscando con ternura a la oveja perdida, recibiendo de nuevo en casa al hijo impresentable que se alejó y derrochó todo lo que había recibido. Un Mesías que se encuentra en un discreto establo, naciendo con la belleza y el sigilo, con la fragilidad con la que nacen todos los niños.

Por eso, aunque este domingo habla de Juan Bautista en la cárcel, realmente nos habla de Jesús, que nos saca de todas nuestras cárceles, de lo que nos hace daño; y nos invita a que confiemos completamente en él, porque él ha confiado completamente en nosotros. Ha confiado tanto en nosotros que se ha hecho pequeño para que lo podamos cargar. Quiere tenernos tan cerca que se ha hecho un niño pequeño para que lo pongamos junto a nuestro corazón.

Hoy es un domingo para llenarnos de alegría. La alegría que nace de saber que en unos dias estaremos celebrando que Jesús ya está aquí, para curar lo que nos quita la esperanza, para iluminar lo que nos llena de oscuridad. Por eso, todas las luces que abundan por todas partes en estos días, tienen un sentido. Son la promesa de que también nuestras vidas se llenarán de la luz de Jesús, y eso nos dará una felicidad que nadie nos podrá quitar.

Hoy Jesús nos invita a salir de nuestras cárceles y a llevar su luz a quienes están en la oscuridad. Esta semana, piensa en alguien que esté pasando por una dificultad: una llamada, un mensaje, una visita, un gesto sencillo puede ser para esa persona la luz que anuncia que Dios está cerca. Así, nuestra alegría no se queda en palabras, sino que se convierte en esperanza compartida.

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