HOMILIA PARA EL DOMINGO XXXIII
CICLO A DEL TIEMPO ORDINARIO 20231119
Hoy Dios nos habla de una mujer que
ha sabido emplear de maravilla los talentos que puso en su corazón. La parábola
de los talentos es una de las más comentadas de la biblia, tanto que la palabra
talento, que es una medida, o un valor monetario, ha pasado a significar
cualquier habilidad o capacidad que sea valiosa para la sociedad o para una
persona: talento en la ciencia podría ser obtener un doctorado en una
disciplina científica, en el arte una carrera exitosa como artista, en el
liderazgo el ocupar un cargo de alto nivel en una institución. En los tiempos
de Jesús el talento equivalía a 34 kilos de plata, más o menos 60.000 mil
dólares. Con el dinero del que menos recibe, un trabajador de tiempos de Jesús
podría vivir 13 años y que más recibe podría vivir 65 años. Estos números nos
hacen ver lo generoso que es el señor de la parábola con sus siervos.
La parábola es una preciosa reflexión sobre nuestra responsabilidad con la generosidad que Dios ha tenido con nosotros: una generosidad incalculable, que nace de su amor. Cuanto mayor es el don, mayor es la responsabilidad que se tiene. Esta parábola no es sobre de cuentas bancarias, sino cómo nuestro corazón responde al corazón de Dios, sobre cómo vivimos una relacion de corazón a corazón con el señor, lo que nos invita a seguir el consejo de San Pablo a la comunidad de Tesalónica, cuando les dice no vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente.
En la parábola, el premio de los buenos es entrar en el gozo del señor, mientras que el siervo perezoso y malo, al que el señor llama inútil, pues ha perdido lo más valioso que es su propio corazón, recibe como consecuencia el llanto y la desesperación, la amargura, la frustración, el vacío, porque lo que le falta es el amor, como decía san Agustín: No puede quitarse lo que no se tiene; pero a este siervo le falta algo, y por eso merece le priven de lo que posee: le falta la caridad de usar bien de los dones, y se le quitará todo lo demás, pues sin la caridad nada aprovecha.
El amor es el don más excelente, el talento más precioso, la cualidad que hace valiosas todas las demás. ¿Cómo podemos hacer crecer los talentos? El libro de los proverbios nos presenta a una “mujer de diez con mención”, por diez cualidades que hacen crecer el amor verdadero en la vida, diez cualidades que hacen valioso al ser humano.
El primer don es ser una persona de trabajo incansable que busca siempre rendir de un modo mejor. El segundo, es ser confiable, alguien en quien, como el siervo bueno del evangelio, puede ponerse la fe y construye relaciones sólidas. El tercero, es ser hábil para engrandecer a los demás, ayudándoles a aprovechar los respectivos talentos y dar lo mejor de sí. El cuarto, es cultivar la benevolencia generosa, como un faro que ilumina vidas y hace del mundo un lugar más amable. El quinto, es la capacidad de transformar lo bueno en algo mejor, perfeccionando las realidades que lo rodean. El sexto, es buscar dar resultados valiosos con los recursos que se tienen a disposición. El séptimo, es ser solidario con los menos afortunados, con un corazón compasivo que se hace faro de esperanza en un mundo necesitado. El octavo, es tejer una relación con Dios hecha de amistad, que es fundamento sólido en las incertidumbres cotidianas y une la felicidad con el temor al Señor.
El temor es una cosa negativa, como el sentimiento que experimentamos ante un mal que nos puede venir. Sin embargo, referido a Dios, indica la reverencia, el respeto hacia alguien, por su valor, su grandeza o su dignidad. Por eso en el salmo podríamos cambiar la palabra temor por: Dichoso el que valora y respeta al Señor. La felicidad no puede surgir del miedo, pero puede derivar del respeto hacia los demás, al valorar su importancia para mí. Esto establece una relación sincera, similar a la que se genera al demostrar respeto hacia un verdadero amigo, un cónyuge generoso o a mis padres por los bienes que he recibido de ellos. Este respeto forja una relación llena de gozo y plenitud. Como decía Juan Pablo II: El verdadero concepto de temor es el sentimiento sincero que el hombre experimenta frente a Dios, el temor filial, que es un sentimiento arraigado en el amor de Dios: el alma se preocupa entonces de «permanecer» y crecer en el verdadero amor a Dios. (Juan Pablo II, 11.06.89)
El noveno, es cultivar un corazón agradecido, alegre y sabio para gestionar los bienes que se poseen, sin caer en egoísmos. El décimo, es el compromiso por ser un ejemplo positivo para los demás, una inspiración que guía a quienes nos rodean a caminar por el sendero de la virtud.
La parábola es una preciosa reflexión sobre nuestra responsabilidad con la generosidad que Dios ha tenido con nosotros: una generosidad incalculable, que nace de su amor. Cuanto mayor es el don, mayor es la responsabilidad que se tiene. Esta parábola no es sobre de cuentas bancarias, sino cómo nuestro corazón responde al corazón de Dios, sobre cómo vivimos una relacion de corazón a corazón con el señor, lo que nos invita a seguir el consejo de San Pablo a la comunidad de Tesalónica, cuando les dice no vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente.
En la parábola, el premio de los buenos es entrar en el gozo del señor, mientras que el siervo perezoso y malo, al que el señor llama inútil, pues ha perdido lo más valioso que es su propio corazón, recibe como consecuencia el llanto y la desesperación, la amargura, la frustración, el vacío, porque lo que le falta es el amor, como decía san Agustín: No puede quitarse lo que no se tiene; pero a este siervo le falta algo, y por eso merece le priven de lo que posee: le falta la caridad de usar bien de los dones, y se le quitará todo lo demás, pues sin la caridad nada aprovecha.
El amor es el don más excelente, el talento más precioso, la cualidad que hace valiosas todas las demás. ¿Cómo podemos hacer crecer los talentos? El libro de los proverbios nos presenta a una “mujer de diez con mención”, por diez cualidades que hacen crecer el amor verdadero en la vida, diez cualidades que hacen valioso al ser humano.
El primer don es ser una persona de trabajo incansable que busca siempre rendir de un modo mejor. El segundo, es ser confiable, alguien en quien, como el siervo bueno del evangelio, puede ponerse la fe y construye relaciones sólidas. El tercero, es ser hábil para engrandecer a los demás, ayudándoles a aprovechar los respectivos talentos y dar lo mejor de sí. El cuarto, es cultivar la benevolencia generosa, como un faro que ilumina vidas y hace del mundo un lugar más amable. El quinto, es la capacidad de transformar lo bueno en algo mejor, perfeccionando las realidades que lo rodean. El sexto, es buscar dar resultados valiosos con los recursos que se tienen a disposición. El séptimo, es ser solidario con los menos afortunados, con un corazón compasivo que se hace faro de esperanza en un mundo necesitado. El octavo, es tejer una relación con Dios hecha de amistad, que es fundamento sólido en las incertidumbres cotidianas y une la felicidad con el temor al Señor.
El temor es una cosa negativa, como el sentimiento que experimentamos ante un mal que nos puede venir. Sin embargo, referido a Dios, indica la reverencia, el respeto hacia alguien, por su valor, su grandeza o su dignidad. Por eso en el salmo podríamos cambiar la palabra temor por: Dichoso el que valora y respeta al Señor. La felicidad no puede surgir del miedo, pero puede derivar del respeto hacia los demás, al valorar su importancia para mí. Esto establece una relación sincera, similar a la que se genera al demostrar respeto hacia un verdadero amigo, un cónyuge generoso o a mis padres por los bienes que he recibido de ellos. Este respeto forja una relación llena de gozo y plenitud. Como decía Juan Pablo II: El verdadero concepto de temor es el sentimiento sincero que el hombre experimenta frente a Dios, el temor filial, que es un sentimiento arraigado en el amor de Dios: el alma se preocupa entonces de «permanecer» y crecer en el verdadero amor a Dios. (Juan Pablo II, 11.06.89)
El noveno, es cultivar un corazón agradecido, alegre y sabio para gestionar los bienes que se poseen, sin caer en egoísmos. El décimo, es el compromiso por ser un ejemplo positivo para los demás, una inspiración que guía a quienes nos rodean a caminar por el sendero de la virtud.
¿Cuáles son los talentos que yo he recibido? O
mejor dicho… ¿los estoy haciendo producir? ¿Están generando intereses en el
único banco que merece la pena? Hoy recibimos no un talento, sino al mismo
Jesucristo que nos llama a intensificar nuestra condición de buenos y fieles, como
camino para que entremos en el gozo de nuestro señor, ese gozo que no es otra
cosa que el amor que nos hace amigos de Dios y servidores de nuestros hermanos.

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