PASCUA HOMILÍA IV DOMINGO CICLO C
Cuando pensamos en el domingo del
buen pastor, solemos imaginar a Jesús cargando una oveja sobre los hombros.
Pero el evangelio de este año nos sorprende con otra imagen: Jesús se nos
presenta como puerta de las ovejas, frente al ladrón y al bandido que intentan
entrar por otro lado.
Este domingo es el que conocemos como
el domingo del buen pastor porque el evangelio recoge una de las más hermosas
predicaciones de Jesús, cuando se compara como un pastor que se preocupa de sus
ovejas. Jesús nos regala el día de hoy, por un lado, la certeza de que tenemos
un pastor, un líder diríamos hoy que nunca defrauda, que está dispuesto a
entregar su vida por nosotros, y que sobre todo nos puede librar de todo mal. Al
mismo tiempo, Jesús se presenta como el modelo de todos los que tenemos que ser
pastores.
¿Quiénes tenemos que ser pastores? ¿Solamente
los sacerdotes? Todos estamos llamados a ser pastores de los demás, todos
tenemos una responsabilidad sobre la vida de los demás. Jesus es el modelo de
nuestra relación con los demás. las lecturas de hoy nos enseñan lo que
significa ser un pastor modelo: El entra por la puerta, conoce a las ovejas,
las ovejas le siguen y da la vida por ellas. San Gregorio Magno, nos da una
clave que lo ilumina todo: conocer, para el buen pastor, no es tener
información sobre alguien. Es amarlo. "Yo soy el buen Pastor, que conozco
a mis ovejas, es decir, que las amo." Por eso el ladrón no conoce: porque
no ama. Y por eso el extraño es un extraño: porque nunca se interesó por lo que
había en el corazón de los demás. Es el modelo negativo de quien tendría que
ser pastor, pero es ladrón y bandido, porque no respeta lo que es propio de los
demás, es quien salta por el muro, porque no respeta el modo de vida de los
demás y finalmente roba y mata a las ovejas, o sea se aprovecha de la vida de
los demás.
El rasgo que tiene que ver con dar la
vida o robar la vida, podría ser el que define todo lo demás. Una persona nos
importa de verdad cuando estamos dispuestos a dar la vida por ella. Y no hace falta pensar en gestos heroicos.
Dar la vida es también dar el tiempo cuando no te sobra. Es escuchar de verdad
cuando estás cansado. Es quedarte cuando sería más fácil irte. Por el contrario, una persona es para
nosotros menos que una cosa, cuando nos aprovechamos de su vida para nuestro egoísmo
o nuestro interés. El ladrón no es necesariamente el villano de una
película. A veces somos nosotros mismos cuando calculamos lo que nos cuesta
cada relación, cuando estamos con alguien solo mientras nos conviene, cuando
saltamos el muro porque entrar por la puerta nos parece demasiado lento.
Jesús es nuestro pastor porque, como
san Pedro, antes de ser pastores todos fuimos ovejas perdidas. Cristo sufrió
por nosotros y por sus llagas hemos sido curados. Es decir, el mejor pastor que
existe no nos cuidó desde la comodidad o desde la perfección, sino desde sus
propias heridas. Y esa es también la marca de los mejores pastores que hemos
tenido en nuestra vida: no nos ayudaron porque lo tenían todo resuelto, sino
porque conocían por dentro lo que nosotros estábamos viviendo. Pero hay algo
más: Pedro nos dice que Jesús nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas.
No un ideal lejano e inalcanzable, sino un camino ya pisado, un rastro concreto
que podemos seguir. Y el punto de partida de ese camino es siempre el mismo:
recordar que nosotros también fuimos ovejas descarriadas, que alguien salió a
buscarnos, y que esa experiencia de haber sido encontrados es precisamente lo
que nos capacita para salir a buscar a otros.
Pero Jesús nos dice algo más, nos
dice que él es la puerta por la que todos tenemos que entrar: Les aseguro
que yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta; quien entre por mí se
salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. Yo he venido para que tengan
vida y la tengan en abundancia”. Es decir, si queremos ser pastores como
él, tenemos que entrar por la puerta que es él mismo, lo tenemos que tomar a él
como modelo de la forma en la que nosotros nos relacionamos con los demás, de
la forma en la que nosotros queremos ayudar a los demás.
Todos somos pastores de alguien,
porque todas las personas con las nos relacionamos es como si Dios las hubiera
puesto a nuestro cuidado. En casa, los amigos, el trabajo, la esposa, los
hijos, los hermanos, nuestros papás ancianos. Es impresionante descubrir cuánta
gente Dios nos dado para que seamos su pastor. Y todos tenemos que ser como el
pastor modelo que es Jesús. pero tenemos que ser como el pastor modelo que es
Jesús especialmente con quienes son más débiles, en especial los niños.
Este domingo nos invita a
preguntarnos quiénes son las ovejas que Dios ha puesto a nuestro cuidado y cómo
estamos ejerciendo ese cuidado. ¿Entramos por la puerta o saltamos el muro?
¿Conocemos de verdad el nombre de quienes tenemos cerca, lo que hay en su
corazón, o nos quedamos en la superficie? Hay personas en nuestra vida que
están esperando que alguien las llame por su nombre verdadero. Que alguien se
tome el tiempo de conocer lo que cargan, lo que les cuesta, lo que no se
atreven a decir. Ese alguien puedes ser tú. Ese es el pastoreo concreto al que
nos llama Jesús hoy.
Y al mismo tiempo es una invitación a
la gratitud. Porque todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido un
buen pastor. Alguien que se quedó cuando podría haberse ido. Alguien que puso
algo de su vida para que la nuestra fuera mejor.
No hace falta esperar a ser mejor pastor para empezar. "Amar de esta forma ya es ponerse en camino." El amor mismo es ya el primer paso. Que hoy Jesús en nuestro corazón nos permita estar siempre cerca de él, agradecidos por los buenos pastores que ha puesto en nuestras vidas, y generosos para ser buenos pastores para otros.

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