domingo, 11 de enero de 2026

BAUTIZADOS PARA BIEN

 



HOMILÍA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR CICLO A

Como hoy es la fiesta del Bautismo del Señor, hoy también algunos niños son bautizados. Por otra parte, en algunos lugares, hay  cristianos que se reúnen junto a los ríos —incluso en el Jordán— para conmemorar este acontecimiento.  ¿qué significa la fiesta del Bautismo del Señor? 

La primera lectura, del profeta Isaías, nos muestra a Dios señalando al que él ha señalado como su elegido: «Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones. Esta profecía, aplicada a Jesús, nos muestra que en su Bautismo Dios lo señala y proclama: “Este es mi Hijo amado”. Dios nos manifiesta quién es verdaderamente ese Jesús de Nazaret. El Bautismo del Señor es, la manifestación pública de Jesús que se muestra ante todo Israel como el Enviado de Dios. 

Juan Bautista pertenecía a una familia sacerdotal, por su padre Zacarías. Juan, es el sacerdote de la antigua alianza que señala —a través del bautismo— al mediador y sacerdote de la nueva alianza: Jesús. Una alianza que no está sellada con la sangre de corderos, sino con la sangre del Cordero de Dios. Así, Jesús es al mismo tiempo el Sacerdote que ofrece, y el Cordero que es ofrecido por todos

El bautismo de Juan era una señal de penitencia, un gesto de conversión. El que se bautizaba con Juan confesaba su pecado y mostraba el deseo de destruirlo en sí mismo. nosotros. 

El bautismo de Juan no era como el nuestro. Nuestro bautismo es un sacramento: es don de Dios que, a través del agua, invocando a la Santísima Trinidad, infunde la vida divina en nosotros. En el bautismo penitencial podemos encontrar elementos que apuntan hacia el bautismo cristiano, porque ambos expresan un paso interior hacia Dios. 

Dice el evangelio que mientras Juan bautizaba, llega Jesús y le dice al Bautista: “Quiero que me bautices”. Sabemos que Jesús no tiene pecado. Jesús es el Hijo de Dios, el fruto bendito del seno de María Virgen, inmaculada. Jesús es semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado.  ¿qué sentido tiene entonces que Jesús se bautice? Si no tiene pecado, ¿por qué pide el bautismo a Juan? 

La razón es que Jesús, aunque no tiene pecado, “carga sobre sí el pecado del mundo”. Como decimos en la misa: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Aunque literalmente podríamos decir: “que lleva sobre sí el pecado del mundo”.  Jesús toma sobre sí nuestras faltas, las atrae, como un imán que recoge el hierro disperso, Jesús es el imán que asume el hierro de la miseria humana para destruirla en su persona, por su misión redentora que se revela en el Bautismo: Jesús asume simbólicamente sobre sí, el cordero que carga sobre sí, el pecado del mundo, para destruirlo con su cruz y su resurrección. 

El Bautismo del Señor revela el inicio del camino pascual. En él se prefigura el otro “bautismo”, el del dolor y la entrega en la cruz.  Del mismo modo que el agua cubre al que es bautizado, el amor de Cristo cubrirá toda su pasión; un amor que transforma el sufrimiento en fuente de vida nueva, la nueva vida que Jesús nos trae: una vida luminosa, que nos hace libres, que nos permite volver a ver el bien y reconocer el camino hacia la verdadera felicidad.

El profeta Isaías lo expresa así: “He aquí mi siervo, mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi Espíritu sobre él. Él llevará la justicia a las naciones”. Jesús manifestará esa justicia no por la fuerza, sino mediante la “misericordia”, la “alianza”, la “luz” y la “compasión” hacia los que sufren, los ciegos, los cautivos, los que viven en tinieblas. 

El Bautismo de Jesús es una oportunidad para que cada uno descubra que Jesús ha venido al mundo por mí, para tomar sobre sí mi pecado, mi fragilidad y mi miseria, destruirlos con su amor y llenarme de plenitud.

Esta plenitud la podríamos resumir en una palabra: paz. Es la paz que brota cuando cada uno aporta lo mejor de sí a los demás, cuando vivimos reconciliados, sin pecado que nos separe.  Es la paz del corazón, la paz entre los hombres y entre las naciones. Por eso el salmo dice: “El Señor bendice a su pueblo con la paz”. Esa paz es el don de Cristo Resucitado que en el bautismo vence lo frágil de nuestros corazones.

En el Bautismo, la voz del Padre señala a Jesús como su elegido.  Dios nos lo propone como nuestro “modelo”: camino, verdad y vida. Es a Jesús al que tenemos que imitar, más aún con el que tenemos que identificarnos para escuchar que también a nosotros se nos dirige la misma voz que se oyó en el bautismo de Jesus: “Tú eres mi hijo amado, tú eres mi hija amada; en todos ustedes me complazco”.  Ser 'bautismo' para otros hoy puede ser algo tan concreto como: Escuchar con paciencia a ese familiar que siempre se queja, cargando un poco con su peso como hizo Jesús, o llevar luz a un ambiente de trabajo tenso con una palabra de agradecimiento o un gesto de paz, o perdonar una pequeña ofensa, decidiendo que el mal se detiene en nosotros y no se devuelve. La paz nace de gestos sencillos que construyen armonía en familia, sociedad y corazón.

Que la fiesta del Bautismo del Señor nos ayude a vivir haciendo lo mismo que hizo Jesús: pasar por el mundo haciendo el bien, iluminando con su presencia, ayudando a los que sufren, y llevando la paz de Dios a todos los corazones. 


1 comentario:

Anónimo dijo...

P. Cipriano gracias que buena reflexion. Nunca había pensado este enfoque de este Evangelio. Me quedo con los dos últimos párrafos que me caen muy bien en estos momentos. Gracias de nuevo 🙏🏻🙏🏻