martes, 9 de diciembre de 2014

MEXICO DE GUADALUPE, MEXICO DE VIDA

Un año más se acerca una de las fiestas más entrañables de México, la celebración de nuestra señora de Guadalupe. Millones de personas confluirán en los próximos días al santuario mariano más visitado del mundo. Sin embargo, este año las fiestas guadalupanas tienen un toque especial, porque la sensación que se vive en México es de inconformidad con lo que está pasando. Todos los eventos que han agitado la sociedad en los últimos meses, han contribuido a generar un clima de enojo en los corazones de muchos mexicanos. Por ello, este año las fiestas guadalupanas pueden tener un sentido muy especial. 

Mientras algunos proclaman el odio y el encono, la presencia de la Virgen de Guadalupe en México siempre ha sido una invitación a buscar la justicia y la dignidad desde la conciliación de las diferencias de los seres humanos. Todos recordamos el complejo mundo en el que se hace presente la Virgen de Guadalupe en 1531, un mundo de violencia, de opresión, de pérdida del sentido de la vida. Y cómo su presencia invitó a indígenas y a españoles a encontrar un camino común para forjar una única nación. Ciertamente todavía nos falta mucho para lograr lo que la Virgen de Guadalupe vino a traer a México. 

Este año los obispos de México han propuesto que, según nos acercamos a la fiesta de Guadalupe, todos nos preguntemos y hagamos oraciones sobre el modo en que estamos construyendo nuestro país y que hagamos los propósitos necesarios para cambiar todo lo que genera sufrimiento y dolor en los demás, poniendo lo mejor de nosotros mismos para hacer posible la paz, recordando que la paz se funda en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. 

La devoción a la Virgen de Guadalupe no puede ser una excusa para escaparnos de la realidad, tiene que ser un compromiso para vivir los valores que ella trajo a nuestra tierra y que hoy, de modo especial, desde el hueco de su manto, nos invita a atender a las víctimas de las múltiples violencias que se sufren en nuestro país. Que no nos gane el miedo, como le dijo la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Por el contrario, que nos gane el interés por hacer un México mejor, en paz y justicia como lo hizo el mensaje de vida, que a un México de muerte, vino a traer la Virgen de Guadalupe.

lunes, 1 de diciembre de 2014

CATON Y CHESPIRITO

Quiero compartir esta reflexion que Catón hace en el periódico Reforma de este 1 de Diciembre de 2014 sobre la reciente muerte de Chespirito. Creo que se puede aplicar a tantas personas buenas con las que compartimos todos los días

La vida me ha enseñado muchas cosas, pero yo he aprendido pocas. Las pocas que he aprendido, sin embargo, valen mucho para mí. Una de ellas, y no de las menos importantes, me dice que el hombre es nacido para la felicidad. Por larga que sea, su vida sobre la tierra es muy corta. Pocos son nuestros años en el mundo. Ese sueño -que no pedimos soñar- debe ser entonces lo más grato y placentero posible. En nuestra existencia, es cierto, hay penas y quebrantos. Hay días oscuros, de tristeza y dolor, en "este valle de lágrimas" que dice la oración. Pero también el sufrimiento es parte de la vida. Ante él no debemos decir con rebeldía o rencor: "¿Por qué a mí?" Debemos decir con ánimo sereno: "¿Por qué a mí no?" El solo hecho de estar vivos, de saber que la vida seguirá, ha de ser consuelo en nuestras aflicciones y esperanza en los días que vendrán. Las religiones afirman que hay en el hombre un pecado original. Yo no soy teólogo; por eso no sé a Dios, pero lo siento. Y lo siento como alegría, no como pena. Es importante la Pasión, pero más importantes son la Navidad y la Pascua de Resurrección. Tenemos, pues, obligación de ser felices. Así agradeceremos el regalo de la vida. Cada día debemos hacer algo que nos dé felicidad, y algo que haga felices a quienes comparten con nosotros el don precioso de vivir. Ahora bien: ¿a qué toda esta perorata? Me sirve para recordar a Chespirito. ¡Cuánta felicidad dio él a su prójimo! Fue bueno y generoso; puso en nuestras vidas el santo sacramento de la risa. Nosotros lo disfrutamos; lo gozaron nuestros hijos, y ahora nuestros nietos se regocijan con sus aventuras. Imagino al Señor que está allá arriba diciendo cierto día: "Veo que mis criaturas están tristes. Les voy a mandar a Chespirito". Murió don Roberto Gómez Bolaños, pero Chespirito no morirá nunca. Seguirá viviendo en sus personajes, sobre todo en ese entrañable niño que es pobre entre los pobres, pues además de vivir en una vecindad habita en un barril. Con su pobreza nos hizo a todos ricos; nos dio la riqueza de ese gozo que la risa da. Estará para siempre con nosotros. Vivirá por siempre. Demos gracias a Dios por Chespirito... FIN.