domingo, 25 de abril de 2010

SOBRE LA SABANA SANTA (3) COMPENDIO DE LOS DOLORES DEL MUNDO

Uno de los misterios más grandes que enfrenta quien se acerca a la Sábana Santa es la exactitud anatómica de los sufrimientos humanos que ha soportado el hombre de la Sábana. Desde los ángulos de los regueros de sangre, la ubicación de los clavos en las muñecas, los indicios del rigor mortis, la precisión quirúrgica de la herida del costado, los rastros de la tortura sistemática. Todo eso no es sino la expresión de otros muchos sufrimientos que tuvo que padecer el hombre de la síndone, sufrimientos morales por las humillaciones que tuvo que experimentar siendo completamente inocente. Es lo que constituye el núcleo de nuestra reflexión junto con el Papa Juan Pablo II.

En la Sábana Santa se refleja la imagen del sufrimiento humano. Recuerda al hombre moderno, distraído a menudo por el bienestar y las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos, y lo invita a interrogarse sobre el misterio del dolor, para profundizar en sus causas. La impronta del cuerpo martirizado del Crucificado, al testimoniar la tremenda capacidad del hombre de causar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como el icono del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: de las innumerables tragedias que han marcado la historia pasada, y de los dramas que siguen consumándose en el mundo.
Ante la Sábana Santa, ¿cómo no pensar en los millones de hombres que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en las numerosas guerras que ensangrientan a las naciones, en la explotación brutal de mujeres y niños, en los millones de seres humanos que viven en la miseria y humillados en los suburbios de las metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo? ¿Cómo no recordar con conmoción y piedad a cuantos no pueden gozar de los derechos civiles elementales, a las víctimas de la tortura y del terrorismo, y a los esclavos de organizaciones criminales? Al evocar esas situaciones dramáticas, la Sábana Santa no sólo nos impulsa a salir de nuestro egoísmo; también nos lleva a descubrir el misterio del dolor que, santificado por el sacrificio de Cristo, engendra salvación para toda la humanidad. Imagen del pecado del hombre y del amor de Dios.
El testimonio que se recoge en la Sábana Santa resume todos los dolores del mundo, pero lo más importante, es certeza de la cercanía de Dios a todos los sufrimientos del mundo. La expresión dolor que, santificado por el sacrificio de Cristo, engendra salvación para toda la humanidad, no es una expresión de devoción, es solidaridad de la humanidad sufriente de Cristo con cada persona. Es la solidaridad de cada ser humano con todo ser humano que padece. Esta mutua solidaridad genera salvación, es decir superación de todo dolor humano y posibilidad de encontrar lo mejor de la humanidad en medio de la mayor de las miserias humanas: la tremenda capacidad del hombre de causar dolor y muerte a sus semejantes.

3 comentarios:

Ana Rosa dijo...

¡Gracias Padre, por estos bellos artículos!

Pienso que una de las mayores riquezas que Dios le dio al hombre es esa capacidad de compartir, tanto el dolor, como el gozo. Esa posibilidad de abrir nuestro corazón para encontrarnos con el del otro. Y el mejor corazón que podemos encontrar, es precisamente el de Jesucristo.

¡Dios lo bendiga!

Anónimo dijo...

Que Dios le bendiga

P. Cipriano Sanchez dijo...

Gracias por sus comentarios un saludo