viernes, 2 de julio de 2010

FIEL A UNO MISMO

Se dice que Jerjes, al toparse con los soldados griegos, supuso que éstos se marcharían al ver la magnitud de su ejército. Pasaron cuatro días y Jerjes, impaciente, envió un emisario exigiendo a los griegos que entregasen sus armas inmediatamente para no ser aniquilados. Leónidas respondió: «Ven a buscarlas tú mismo» (Μολων λαβε). Así dió comienzo la batalla.

¿Hacia dónde va mi matrimonio? ¿Qué aconsejar a mi hijo encerrado en una actitud que no sé si es cómoda o paralitica? ¿Cuál relación tener con quien no puedo separar de mi vida, pero me llena de desconfianza? ¿Qué hago para mejorar tu economía? ¿Qué tecnología debo incorporar a mi vida? ¿Qué me compro en las rebajas de verano? ¿Cuáles son los datos ciertos y cuáles son los inciertos entre tanto tsunami informativo?

Cada día está lleno de encrucijadas. El polvo de la rutina diaria se deposita sobre nuestras actitudes y decisiones, hasta perder la perspectiva de las mismas. Un cambio de actividad, un tiempo dedicado a otra cosa, destapa lo que nos habíamos estado ocultando con bastante éxito, cuando nos encontramos más con nosotros mismos. ¿Qué hacemos con lo que descubrimos? ¿Lo volvemos a esconder? ¿Y si la costumbre te lo impide, o la diversidad diaria te lo empantana? Entonces te pones a pensar, parte invisible de ti que, funcionando a tope, te enseña las decisiones que tomar. Decisiones que si te regresan a la rutina ya no son rutinarias, y que si te llevan a nuevos caminos, te los harán habituales.

Trabajo del alma que no se mide en pesos o en centavos, sino en latidos del corazón, en anhelos del espíritu. Te preguntan ¿por qué no caminas? ¿Por qué estás estático? Pero tú estás funcionando a miles de revoluciones por segundo en tu interior. Ya lo decía Víctor Hugo: Un hombre no está desocupado porque está absorto en su pensamiento. Hay un trabajo visible y un trabajo invisible.

¿Cuál es el camino de la decisión? El camino de la decisión tiene un nombre desde los antiguos filósofos: in omnibus réspice finem, busca siempre el objetivo. La decisión definitiva es la decisión por lo correcto. La inteligencia nos muestra lo correcto al infiltrase en las circunstancias para encontrar la verdad. La decisión empuja hacia la autenticidad, que no es hija del sentimiento, sino de la verdad. Por eso nos cuestan tanto las buenas decisiones, que son siempre las verdaderas, porque hay que sacarlas de una red de consideraciones tan enmarañadas que no permiten la visión clara al principio.

Al final queda sólo, como el mástil de un barco, la decisión de ser fiel a uno mismo, que no es egoísmo ni es individualismo, sino firme apego a la verdad que se descubre y a la que se ata el amor. Y en ese mástil se iza la bandera propia, la que resume mis valores, recoge el propio pasado y señala el personal futuro. Así se regresa a la decisión, pero ya no en el desamparo, ni en la esclavitud de las rutinas, sino en la certeza de que estamos sólidos en nuestro interior, que ha merecido la pena que nos detengamos por un instante en el camino. Así la lucha continúa, pero con la certeza de que se ha tomado la decisión que le da sentido.

4 comentarios:

Ana Rosa Pallach dijo...

Gracias Padre,
Cuando la vida nos revuelca como una feroz ola del mar, uno siempre se asusta de dejar de ser fiel a uno mismo al tener que aceptar el cambio...¡cómo cuesta!

¡Dios lo bendiga!

Anónimo dijo...

¡VTR!

Estimado Padre: Muchas gracias por estas aportaciones tan valiosas. Queremos replicarlas a las 14,000 personas a las que llega nuestra fundaciòn. ¿Es posible? Gracias. Lo tenemos en nuestras oraciones.
Alejandro Mtz.

P. Cipriano Sanchez dijo...

Ana Rosa
sin embargo siempre fiel es como se encuentra el camino en medio de la ola
un abrazo

P. Cipriano Sanchez dijo...

ALEJANDRO
CLARO QEU LO PUEDES REPLICAR. SI EN ALGO SE PUEDE AYUDAR CUENTA CON ELLO. UN ABRAZO