domingo, 12 de febrero de 2012

Y EL VIDEO DEL DOMINGO ES: ¡¡¡DALE CAÑA!!!

Los leprosos en la Biblia no son solo personas enfermas. Son personas que tienen una impureza que los aparta de Dios y de los demás. El antiguo testamento lo único que hacia era señalarlo y excluirlo. ¿Cómo se cura a un leproso? La ley solo señalaba los males, mientras que Cristo es capaz de curarnos de los males. De modo especial de los males que nos apartan no solo de nosotros mismos, sino, de modo particular, de los males que nos apartan, como sucedía en el antiguo testamento, de Dios (el leproso no podía dar culto) y de los demás (el leproso no podía vivir con la comunidad). Jesús nos enseña a no expulsar a los leprosos, sino a tener una voluntad activa para curarlos.
La vida cristiana no se detiene solo en curarse del mal. La vida cristiana, nos dice san pablo en su carta a los corintios, significa caminar sobre el bien. Y esto ¿en qué consiste? En vivir de cara a Dios (hagan todo para gloria de Dios) en vivir de cara a los hermanos (no den escándalo a nadie) y en vivir de cara a uno mismo (buscar tocar el corazón de los demás como Cristo lo ha hecho conmigo). Al final en la vida no es todo cuestión de señalar, sino de sanar. Nuestro mundo es magnífico para señalar los males, pero no tiene ni idea de cómo sanarlos. Busca de todo tipo de remedios, pero se olvida del médico principal. Se olvida de la necesidad de cambiar el corazón. Se olvida de buscar al único que quiere sanarlo. De poco sirve señalar si no se sana. Por eso como dice el evangelio al final, no hay que dejar de buscar a Jesús, que a veces parece que se oculta. Aunque la verdad, la mayoría de las veces somos nosotros los que parece que nos ocultamos de él. Búscalo y dile la oración del leproso: si quieres puedes sanarme. ¿De qué te tienes que curar tú? Deja que él te diga: ¡Si quiero! ¡Sana! Por ello, les comparto este video tomado de la película “como entrenar a tu dragón”. El dragón Furia Nocturna  es la especie más peligrosa, pero en este caso es un dragón al que le falta una aleta trasera. Hipo, el niño vikingo, contra todo lo que se le enseña, le construye una aleta para que pueda volar y se convierte en su jinete. A veces es lo que nosotros necesitamos. No que nos digan que nos falta una aleta, sino un jinete que nos sane hasta el punto de poder volver a volar. Como diría Hipo: ¡Dale caña! (algo así como ¡písale a fondo!)

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