domingo, 21 de agosto de 2011

Y EL VIDEO DEL DOMINGO ES... ¿QUE DICE TU CORAZON?

¿Nos atrevemos a caminar por donde otros no lo han hecho empujados por la fuerza del corazón? La historia que hoy les ofrezco del ratoncito Desperaux muestra de la capacidad de dejar salir lo que tienes dentro, aunque a veces no vaya en la línea de lo que hay fuera, dejar que el propio modo de ser ayude a encontrar el camino en la vida, saber ir adonde lleve el corazón. El evangelio de este domingo hace una pregunta: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Una pregunta para que nos cuestionemos sobre lo que se alrededor dice de alguien importante para nosotros. Sin embargo, esa no es la pregunta fundamental. La pregunta fundamental es ¿Quién dices tú que soy yo? El ambiente en el que nos movemos es importante, pero no podemos ser nuestro ambiente, tenemos que ser nuestra convicción. De esa convicción nace la respuesta auténtica que nos hace firmes en medio de muchas contradicciones, de muchas tristezas, de muchas confusiones. La respuesta que sale de la propia reflexión, es la única respuesta que vale. Puede sonar a individualismo, sin embargo es la ley de la conciencia cristiana que reconoce la voz de Dios y responde a las preguntas de la vida. Las soluciones que vienen de fuera no siempre son satisfactorias, no porque estén equivocadas, sino porque cada uno está llamado a responder desde dentro, esto es, discernir, separar, descubrir, lo que las respuestas de fuera significan en el interior. Cuando das la respuesta desde dentro percibes que no eres tú solo quien la das, que hay alguien que te ama a ti más que tú mismo, que guía tus pasos, que te pone en las situaciones en las que debes estar, con las personas que necesitas, dándote las palabras que debes decir, dejándote oír lo que es importante oír, purificando tu interior para comprender el exterior. Para eso hace falta una cosa, no tener miedo, acercarse a lo que no siempre conoces, y estar dispuesto a lanzar una propuesta al futuro. El eco siempre te devolverá lo que tú lleves en tu corazón. Como un ratón que se llama Desperaux. Buen domingo.

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