domingo, 26 de junio de 2011

Y EL VIDEO DEL DOMINGO ES.... AMANTES Y DIGNOS

¿Cómo hay que amar para hacerse digno de alguien? Amando por encima del propio egoísmo. Hoy les comparto una historia de valor interior y de sacrificio mutuo, los protagonistas son Flynn Ryder y Rapunzel. Flynn ha sido herido de muerte por la bruja. Para curarlo, Rapunzel decide romper todos sus sueños y está dispuesta a someterse de nuevo a la bruja. Flynn, por su parte, no está dispuesto a que Rapunzel siga siendo una esclava, y está dispuesto a morir por ello. Para lograr su objetivo, cada uno renuncia a su sueño, Rapunzel a la libertad y Flynn a la vida. Este es el gran valor de esta pequeña historia: siempre hay alguien por quien merece la pena renunciar y solo quien renuncia a su propio egoísmo acaba encontrándose a si mismo mucho mas íntegro, mucho más pleno. Es una paradoja que quien se aferra a su egoísmo no acabe siendo sino un trozo de capa vieja tirada al pie de una torre. “El que se ama a si mismo más que a mí no es digno de mi”. Esta frase de Jesús en el evangelio de hoy es una llamada a repensar la jerarquía de los amores que podemos tener en nuestra vida. El amor hay que descubrirlo y sobre todo hay que agradecerlo una vez que se descubre. La gratitud es el camino por el que el amor nunca se transforma en egoísmo. Al contrario, la envidia (que es la tristeza que produce el egoísmo) es el camino por el que el amor se agrieta humano acaba rompiéndose en mil pedazos. Si descubrimos la gratitud como senda de nuestra vida, descubriremos el modo de llenar de luz lo que era un futuro de oscuridad. Buen domingo.


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1 comentario:

RKPaxson dijo...

Y que difici librar el obstáculo de uno mismo para entregarse a los demás. Hace falta a quien amar que atrae con mucha mas fuerza que el centro gravitacional de las propias miserias. Jesucristo, por amarlo a el, renuncio a cualquier amor propio, y por descubrirlo a el en mi prójimo, encuentro los destinatarios de lo poco que puedo dar. Entre ellos, mi mas próxima, mi amada esposa. Gracias, P. Cipriano, por sus atinadas y profundas reflexiones,