domingo, 18 de abril de 2010

EL PASTEL DE BENEDICTO

En estos días el Papa Benedicto XVI cumple dos aniversarios: el de su nacimiento (el viernes 16 fueron ochenta y tres años) y el de su elección como sucesor de San Pedro (el lunes diecinueve cumple cinco años como Papa). Los aniversarios son momentos de reflexión y a veces de festejo. ¿Qué es lo que este año tiene el pastel de cumpleaños de Benedicto? Tiene cosas amargas fruto de acusaciones: las dificultades por las problemáticas de pederastia de algunos sacerdotes, los roces con los creyentes de otras religiones, la supuesta regresión a los tiempos anteriores al Concilio Vaticano II, la teórica intolerancia ante el pensamiento moderno. A mí me surge una duda. Los que levantan su voz acusadora contra el papa Benedicto ¿son personas interesadas por el bien de la Iglesia? ¿Por qué este golpeteo en los medios?, ¿por qué el afán inquisitorial? ¿Es un esfuerzo a favor de algo o un empuje en contra de algo?
En un mundo que no tolera la verdad aunque la invoca constantemente, en un mundo que no busca el bien aunque lo trae siempre en la boca, en un mundo al que no le importa el destino de millones de niños hambrientos, prostituidos, enrolados en ejércitos, alistados en el narcotráfico, aunque se viste de gala para juzgar a los pederastas clericales, en este mundo, no se puede tolerar a un hombre que ha obrado y obra, en ese mismo terreno, con más clarividencia, con más determinación y con más fruto como decía recientemente Sandro Magister. Los aniversarios de Benedicto nos dicen dos cosas: la primera busquemos siempre y de verdad el bien, la segunda, los males no lo son para quienes saben usarlos de modo adecuado. Y como ejemplo vaya esta historia: Una joven llegó llorando porque todo le había salido mal: la escuela, el novio sus amigas... La mamá la abrazó y la llevó a la cocina y le dijo: ¿quieres un pedazo de pastel? - Claro mamá, sabes que me encanta el pastel... -Está bien, Bebe un poco de aceite. La hija respondió: - ¡Qué asco! La mamá le dijo: entonces ¿Qué tal si comes un huevo crudo? - ¡Nunca, Mamá! - ¿Quieres un poco de harina o bicarbonato? ¡Madre, eso me enfermaría! La Mamá respondió: - Es verdad, todas esas cosas son horribles, pero cuando las colocamos juntas, siguiendo la receta, ¡hacen un delicioso pastel! Dios trabaja de forma similar. El permite muchas cosas para lograr un bien mayor.
Hoy Benedicto tiene que saber unir la harina de la crítica, el huevo del sufrimiento, el aceite de la sospecha, el bicarbonato de las miserias humanas, para hacer un pastel cocinado por la certeza en la providencia de Dios. Así nace el pastel de la renovación personal que es obra la misericordia divina. En vez de asustarnos por el pastel de Benedicto, ayudémosle a soplar las velas.

4 comentarios:

Ana Rosa dijo...

¡WOW! Está precioso su artículo....¡GRACIAS!

p cipriano dijo...

gracias a ti ana rosa. ojalá que todos hagamos el esfuerzo por ser menos borregos y más veraces

Antonio dijo...

Muy bien, como siempre, Padre Cipriano. Desgraciadamente hemos perdido el concepto de la verdad y a cualquier cosa le decimos así. La verdad es un concepto muy exigente. ¿Será que hemos confundido el aspecto subjetivo (la sinceridad) con el objetivo (la verdad)? Para decir la verdad no basta la sinceridad; puedo ser sincero sin ser veraz, porque estoy engañado o en la ignorancia. Tal parece el caso de los medios.
Muchas gracias y, por favor, rece por mí.

Antonio

P. Cipriano Sanchez dijo...

gracias por tu comentario. la verdad no es la veracidad, la sinceridad no es siempre la verdad. el problema es elegir engañarse. un abrazo