sábado, 9 de enero de 2010

EMPEZANDO CON BUEN PIE



Hablando con mi hermano el otro día, compartimos un comentario que llevaba rondando en mi cabeza. ¿Por qué todo el mundo se queja de todo el mundo? ¿Por qué cada vez que hablas con alguien tiene que salir el enfado con otro? ¿Por qué no hablar de lo que construye relaciones entre los humanos? ¿Por qué empeñarnos en vivir las vidas de los demás, en juzgar lo que hacen o dejan de hacer? ¿Hemos hecho lo que nos corresponde para mejorar lo que nos toca vivir?
Quizá no estamos a gusto con los demás, porque no estamos a gusto con nosotros. Si reflexionamos, descubriremos que, al no estar en paz con nosotros, nos falta capacidad de reconciliación con el prójimo. Sin la capacidad de vivir lo que somos en verdad, nos perdemos, y nos sentimos en peligro por el desequilibrio que disminuye nuestra paz.
¿Podríamos reconciliarnos con nuestro interior? Quizá todo parta de ver lo que no está bien en nosotros y pedir perdón a Dios y a los demás. Quizá debamos ser más fuertes que el dolor que nos genera el saber que no todo está bien, que necesitamos cambiar. Quizá, sobre todo, tengamos que descubrir la gratuidad, la generosidad, la disponibilidad, a ir más allá de lo necesario, a no ir haciendo cuentas, a ir más allá de la ley del ojo por ojo y diente por diente. Así podemos dar el primer paso, salir primero al encuentro del otro, ofrecerle el perdón y la posibilidad de volver a empezar una relación en armonía. Así somos más fuertes que el costo que implica dejar de lado la certeza de tener la razón.
Tanta gente nos da ejemplo de esto. A algunos los llamamos santos o lideres morales, a otros los llamamos buenas personas, a algunos les damos premios, a la mayoría solamente les damos las gracias, si nos acordamos.
Eso mismo hizo Dios. El se levantó y, aunque solo el tenía razón, salió a nuestro encuentro hasta la cruz para reconciliarnos. Podemos dar a Dios el primer lugar en la vida, podemos pensar que Él es bueno, o por lo menos, acordarnos de darle las gracias. Y nos sentiremos mejor.

1 comentario:

marilu dijo...

Estimado en Cristo, P.Cipriano:
Hace ya tiempo que no escuchaba yo sus reflexiones sobre las cosas de todos los días que tienen relación directa con nuestra vida espiritual.
Agradezco a Clara Esparza que haya compartido conmigo esta meditación.
Espero seguir recibiendo este tipo de publicaciones que nos ayudan a no perder de vista dónde estamos y a donde queremos llegar.
Afectísima den Cristo, María de Lourdes Aguirrezábal